Hoy recordé a alguien que amé mucho, que cambió y marcó mi vida para siempre.
Me brindó incontables momentos maravillosos y una alegría incalculable, me hizo olvidar mis problemas, me relajó, me acompañó, me puso feliz; creó todo tipo de sensaciones en mí: emoción, adrenalina, angustia, miedo, coraje, exaltación, excitación…
Y en ocasiones, a pesar de tanto tiempo, me sigue haciendo feliz al transportarme a mi infancia de manera inmediata.
Estoy hablando de mi Nintendo 64, aquel maravilloso aparato que funcionaba con unos cartuchos estilizados y súper modernos (¡ahhh! carísimos) que revolucionó totalmente los videojuegos al ser la primera consola en introducirlos en 3D (nada que ver con el PSX, que estaba “súper X”),y que sentó las bases de este tipo de juegos. Una aparato con el que podías pasar horas y horas de diversión.
Lo más importante de este videojuego es que fue el primero en ser mío, y no de mis primos. Además de ser:
La primera consola que incluyó la vibración en los controles, con el famoso y amado “Rumble Pack”, el cual era genial utilizarlo jugando GoldenEye.
La primera en utilizar controles adaptados para mover a tu mono en un entorno de tercera dimensión, siendo Súper Mario 64 el gran ejemplo. Imagínense el significado de ver a nuestro querido plomero de una manera completamente distinta a la que estábamos acostumbrados, pero conservando su mundo mágico de tortugas malvadas.
Todo un estuche de monerías, podías guardar las partidas en el propio cartucho (dependiendo del juego) o en una memoria que iba atrás del control, el cual tenía un gatillo que estaba de lujo para los juegos de balazos.
¿Saben? Es demasiado lo que puedo decir acerca del Nintendo 64, así que acabo de decidir que esta sea la Parte 1.
¡Hasta la próxima!

No hay comentarios:
Publicar un comentario