De pronto estas en un cuarto con tus amigos, todo va bien hasta que comienzan a escucharse ruidos afuera, gritos, golpes, quejidos tenebrosos. Te asomas por la ventana y descubres que el exterior está lleno de zombis que quieren atacarlos. Tus amigos entran en pánico, te dejas llevar por esa sensación de miedo e instinto de supervivencia que ya comienzas a planear como salvarte y defenderlos, sin pensar en nada más.
Tienes un arma, mientras ellos tapean las ventanas y puertas con tablas, comienzas a dispararle a aquellas cosas que cada vez son más y están logrando entrar frente a los inútiles esfuerzos de tus amigos.
Ya no hay escapatoria, estas frente a frente con una de esas criaturas a la que no le tomará ni un segundo destrozarte. De repente tu mente se ilumina y dices “¡no mames! ¡Los zombis no existen!”, te llenas de alivio y descubres que estas en medio de un sueño lúcido, así que destrozas a los zombis al ritmo de Black Night de Deep Purple con una fuerza superior y una confianza excesiva.
Después de eso hay dos posibles resultados:
1.-Seguir soñando y manipular lo que ves y sientes, orientándolo a cosas agradables, a lo que deseas.
2.- No lograrlo y despertar.
Afortunadamente lo conseguiste y ahora estas en medio del sueño más hermoso, todo te gusta, todo va de maravilla, es perfecto, ahí pasa lo que tú quieres y justo cuando viene la mejor parte, lo más esperado…
¡Alguien te despierta!
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