Turn out the lights, yeah

Turn out the lights, yeah
Music is your only friend... Until the end

jueves, 17 de mayo de 2012

Waiting for the Sun


Ahí se encontraba, en lo alto del gran risco, con la nieve cayendo suavemente sobre su cabello despeinado por el fuerte viento. El ambiente era sereno, la corriente de aire le venía perfecta para conciliar la concentración. Después del largo trayecto, y tras comprobar que en la montaña que la sugestión le indicó no había nada, decidió meditar un momento.

Ya había buscado en varios lugares, desde los más accesibles hasta los más inhóspitos, había atendido cada idea que su imaginación le dictaba, lo hacía con entusiasmo, pero a pesar de los esfuerzos aun no lo encontraba.

En ocasiones la desesperación trataba de invadirlo, era muy difícil conocer el verdadero significado de aquellas palabras que podían tener miles de interpretaciones. Muy frecuentemente, a distintas horas del día resonaban en su cabeza “Es hora, tú sabes bien dónde y cómo, está en tu destino. Las corazonadas son la guía que te acompañara siempre”.

El sueño revelador que había tenido meses antes lo mantenía en esa situación; Sabia que estaba a tiempo, pero cada día que pasaba, sus posibilidades de éxito se reducían. Tenía que actuar de inmediato, y por esa razón había emprendido el largo viaje en su busca.

Sabía que esa arma era vital para lograr su objetivo, sin ella, el esfuerzo de varios años habría sido en vano. Y si dejaba pasar el tiempo, aplazando su objetivo, la situación se tornaría cada vez más difícil, incluso triste y con desencanto.

En la mañana, en la tarde, durante la ducha, en los largos trayectos del tren, a la hora de dormir, prácticamente todo el día debía estar pensando cómo llegar a ella. En ocasiones diseñaba un plan maestro que parecía maravilloso, pero que al otro día, o al cuestionarlo de manera más severa, se convertía en solo una idea más de tantas descartadas.

Un día, y después de largo tiempo de haber escalado diversas montañas, caminado distintos bosques, nadado por amplios y fríos ríos, concluyó que debía cambiar de estrategia pues la actual no estaba funcionando, de hecho lo estaba agotando y dejando sin energía.

Fue así como ese mismo día hizo los preparativos necesarios para tener una profunda y larga conversación con Yehuiah.

Yehuiah era uno de los seres más sabios del universo, y el indicado para ayudar a Leónidas Lizardo en su ardua tarea; el inconveniente es que se necesitaba de una gran concentración para poder comunicarse con él, pues Yehuiah no habitaba en la Tierra, sino que se situaba en la esfera de Gueburah y solo había dos formas de llegar ahí.  La primera era muriendo, y eso no estaba en los planes de Lizardo en ese momento. Así que, la única opción viable, y la única esperanza para encontrar tan poderosa arma era mediante la meditación.

Entonces ese día Lizardo lo dedicó a buscar un lugar apropiado, cómodo y ajeno a distracciones, un lugar donde pudiera respirar tranquila y profundamente. Escogió el bosque de Dean, pues iba allá desde que era pequeño y cuando quería relajarse, pensar o escribir; sabía que en ese lugar la naturaleza conspiraba para proporcionar la máxima tranquilidad al visitante, uniendo armónicamente el sonido del viento a través de las hojas, el canto de los pájaros y el correr del arroyo, que juntos creaban una sinfonía hipnótica.

Se sentó en el cómodo pasto, cerró los ojos y  comenzó a respirar profunda y lentamente, tratando de bloquear todos aquellos pensamientos que nublaban su mente. Era una tarea complicada pues cientos de imágenes pasaban fugaces una tras otra, y no pocas lograban quedarse por más tiempo desviando la atención de Leónidas.

Poco a poco fue alcanzado un nivel distinto de conciencia, ya no sentía sus pies, ni sus brazos, parecía como si toda su existencia se encontrara en su mente. En ese momento Leónidas habitaba en su propia mente, no en el bosque, no en el pasto.

-Yehuiah, necesito de tu ayuda -exclamo Leónidas, -necesito conversar contigo, ¡ayúdame! Yehuiah, ayúdame, déjame verte… -varios minutos después Lizardo se sintió dormido; en su sueño aun escuchaba el correr del arroyo, los oídos comenzaron a zumbarle, sintió una ligera atracción hacia arriba y se dejó llevar.

De pronto vio los destellos de una extraña y cálida luz, era una sensación sinestesica pues podía sentirla, como si pudiera tocarla. La luz envolvió todo el entorno, incluido a Leónidas, y en ese momento pudo apreciar la silueta de Yehuiah.

A pesar de estar frente a frente, Leónidas escuchaba la voz de Yehuiah como distante y con una especie de eco, pero a pesar de eso era muy clara y entendible. Lizardo no necesitaba hablar, sabía que Yeuhiah escuchaba sus pensamientos, así que comenzó a comunicarse de esa manera con él.

-Es hora, tú sabes dónde y cómo, está en tu destino. Has estado buscando fuera, todo es más sencillo, está en ti, debes actuar.

-¿Podre hacerlo solo?, -preguntó Lizardo,

-La tarea es esencialmente tuya, pero ahora tienes una enorme e invaluable ventaja. Es el momento…

-De pronto, los oídos de Lizardo volvieron a experimentar esa extraña sensación de estarse sumergiendo en una alberca. La figura de Yeuhiah se perdió lentamente en la luz, entre suaves giros, hasta que lentamente desapareció por completo, dejando tras de si un ambiente de tranquilidad y calidez. En ese momento Lizardo sintió que volvía a el, de manera suave,  la lucidez.

Sintió lo frio del pasto, escucho nuevamente el canto de los pájaros, el viento rozó su piel. Abrió los ojos, se sentía muy relajado, como si acabara de despertar de un largo sueño; de hecho no sabía si acababa de experimentar un sueño o algo diferente.

Se quedó inmóvil, meditando sobre lo acontecido. Tras unos segundos de reflexión, una ligera sonrisa se dibujo en su rostro. Acababa de comprenderlo.

Todo este tiempo, Lizardo se había enfocado en buscar la poderosa arma que lo ayudaría a lograr el objetivo final. Esta sin duda existía, pero Lizardo nunca antes había imaginado que se encontraba dentro de él.

Siguió inmóvil, analizándolo todo una y otra vez; comprendió que no necesitaba encontrar esa arma de manera física, sino que el arma era el potencial de sus pensamientos, de sus conocimientos, de su convicción y de sus emociones. Se sintió feliz y poderoso.

Pero aun no entendía por qué, en estos momentos tenía una invaluable ventaja que en el futuro se eclipsaría…

Lizardo había tenido suficiente, estaba feliz con los resultados de su visita al bosque de Dean, se levanto alegre y se dirigió a su hogar.

En el trayecto hacia su casa vio a lo lejos un grupo de jóvenes que reían juntos, todos usaban el mismo sombrero rojo que los identificaba como pertenecientes de algún grupo. Se les notaba muy felices.

Entonces Lizardo se detuvo un momento, sonrío ampliamente, y los recordó. Había encontrada la respuesta, se sentía emocionado, seguro. Ya no habría nada que lo detuviera, además de sus ideas, Lizardo solo necesitaba de sus amigos, de su familia.

Siguió su camino entre las coloridas casas, de frente a la reciente puesta de sol; los rayos filtrados a través de las nubes le daban un brillo especial a su figura que poco a poco se alejaba mas y mas. Segundos después, desapareció del camino, dejando tras de sí un halo de complacencia.

Derechos de publicación de Leonidas Lizardo © JLK

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